De pronto el cielo mostró sus oscuras entrañas ocultas
a partir del lamento insoportable y temeroso de las almas
que vagaban, cual ánima condenada, por el mundo desconocido
del que eran presas, tras el trágico desenlace del camino, por ellos terminado.
Las luces tenues se apagaron por completo luego de su llegada,
el cascarón que una vez lo contuvo, estaba ya seco desde su partida,
se fue solo, dejando a los entes que se quedaron lamentando su deceso,
pues ellos no estaban invitados a tan magro festín que desde siempre lo esperaba.
Así como las luces, los moradores de aquel lugar se mostraron descontentos,
pues no era poco soportar su presencia y el dolor juntos,
pero el forastero, lastimosamente, había llegado para quedarse,
fue el destino, fue su decisión, fueron las circunstancias, no sé
pero aquello que por él aguardaba, iba a ser peor de lo que imaginaba.
Los hombres seguían en su lugar, con sus ideas, con sus pensamientos rutinarios,
el dolor intransigente no duró mas que lo que soporta una herida,
los recuerdos inmemorables quedaron enterrados junto a la final posada de su figura
mientras su alma desconsolada, seguía buscando el escape por el cual había emprendido el rumbo
sin saber que sería peor de lo que imaginaba.
Murieron los proyectos, murieron las oportunidades, murieron las ilusiones,
se fueron todos con su partida
aquella vida que de novato imaginaba, nunca llegó
aquel destino pintado de colores que siempre buscó, se escondió de él,
las virtudes innatas que le fueron dadas, fueron desaprovechadas
el silencio mitigante de la esperanza y el arrepentimiento,
se convirtió en el furtivo acusador de la mala elección tomada.
El corazón ausente arrasado por el cruel pensamiento de auto extinción
sufre al ver que consiguió lo que no quería
que eligió el lugar y el momento equivocado para su eternidad, del cual la vida nunca quiso hacerlo merecedor
pero llegó ahí por su cobardía y ahora, ya no podía despojarse, ni rogando a Dios, ni clamando perdón.
Fue la vida, fue la muerte, fueron los motivos, fueron todos aquellos mártires vestidos de negro que vinieron a buscarlo durante su dolor,
fue el castigo del hombre o la indiferencia de Dios,
nadie sabe lo que fue, pero si se sabe como y donde terminó,
la dádiva conseguida en su venida al mundo,
se la arrancó por voluntad propia, llegando así al final,
como el atardecer acaba con el día, como el arco iris finaliza la tormenta
como el triste canto de las aves que despiden la primavera,
como la vida terminó tras su decisión en ese inoportuno momento,
lapso de tiempo que acompañó armoniosamente el ya conocido,
desenlace fatal.
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